Pasó un año entero hasta que los dos nos decidimos por fijar la fecha de una boda. Era increíble que yo, con anillo en mano, me sintiera una mujer desahuciada...Me daba pena decir que estaba comprometida, evadía el tema recurrente al matrimonio, asistíamos a bodas de nuestros amigos mientras no dejaba de verlos con cierto desaire por optar por la fiesta estúpida, como todas...
Incluso, parecía que el anillo sentía ese mismo rechazo. Varias veces lo encontré bailando en mi dedo anular, como si se ocultase de los ojos curiosos, como si se esmerara por pasar como un simple y corriente anillo.
¿El por qué mi rechazo al matrimonio??? Pues creo que era algo que desentonaba con lo que hasta ahora me venía planteando a lo largo de mi vida. No encontraba la relación entre mujer independiente a mujer casada con un hombre. A lo largo de muchos años me juré jamás formar parte de esos rituales ociosos. Nunca soné con mi boda. Menos les presté atención a las revistas de novia. Nunca imaginé mi vestido de bodas ni mucho menos me quedé a esperar a un príncipe azul. Yo no podría ser como todas...una estadística más. Cumplir con el ciclo inevitable de la vida...nacer, crecer, estudiar, parrandear....yyy ¿casarte????... parece que eso era lo inevitable...De ahí mi rechazo secreto, quizá el ultimo bastión de quien se sentía había nacido para algo especial.....que fiasco! Qué pena me doy! Yo que me sentía única, alternativa, revolucionaria, bohemia.... Que ironía! Boda. Aquí estoy yo, como todas, con un anillo en mi mano.
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